jueves, 26 de abril de 2007

Nazismo ¿Ideología o filosofía?


Por Agustín V. Startari



Tanto durante el nazismo, como después de su destrucción, se ha discutido si éste constituyó o no una filosofía o ideología; y si, aun admitiendo que hubiera un cuerpo doctrinal, tuvo éste relevancia en el proceso de la acción transcurrida después de 1933.

Ciertamente, el movimiento era anti-intelectual y no estaba basado en un conjunto de normas razonadas y coherentes, como en cierto sentido lo está el comunismo. Y tampoco las opiniones de los líderes nazis ofrecieron un programa detallado de la política a seguir una vez en el poder. Por otra parte, sustentaban, y esto es innegable, opiniones que proveyeron a sus acciones de una base y justificación general, y que, a diferencia del fascismo, precedieron a la acción política. Ello no basta para calificar a estas ideas de simples y útiles instrumentos de propaganda. Bien es verdad que cumplieron esta función, pero ninguna razón autoriza a presumir que los autores de Mein Kampf o el Mito del Siglo XX (Alfred Rosenberg en la foto), no sustentaran sinceramente los puntos de vista por ellos expresados.

Para Raúl Maestri la ideología nazi estaba desprovista de coherencia:

“El n- s declara ser una reacción contra la democracia y el liberalismo y reitera continuamente su carácter idealista”. [MAESTRI. 1932:Pp. 46.]

A continuación cita a Hitler para poner en jaque dichas afirmaciones.

“Las siguientes frases empero quitan todo sentido a estas pretensiones: “El conocimiento fundamental es que el Estado no representa un fin, sino un medio.”. “El Estado es un medio para un fin: la conservación de la raza”. “El Estado debe entenderse como una organización” (Hitler)” [HITLER en: Ibíd.]

El nazismo es, en su origen, la ideología oficial del NSDAP (Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes) comúnmente conocido como Partido Nazi. Su fundamento no tuvo excesiva elaboración teórica, apropiándose, en gran medida, de las ideas fascistas según las cuales el Estado, para reservar su cohesión y unidad, debía de ser totalitario. Para el nazismo, este argumento fue compaginado con la máxima racista de superioridad de la raza aria sobre el resto. La admiración por la fuerza bruta y el culto al jefe único fueron otras dos nuevas aportaciones del nazismo. La situación social y económica de Alemania después de la Primera Guerra Mundial y el oportunismo de Hitler hicieron el resto.

Hitler subrayó, incluso, la importancia de lo que él denominaba Weltanschauung. Esta palabra, difícilmente traducible, viene a significar “una actitud ante la vida”. Es la actitud global o filosofía cotidiana, que la mayoría de nosotros tiene y que no está estrechamente basada en el pensamiento racional. La fidelidad de Hitler para con su weltanschauung, difiere marcadamente del oportunismo que caracterizó su carrera política.

La obra autobiográfica de Hitler, Mein Kampf, escrita durante su estancia en la prisión de la fortaleza de Landsberg, después de su fracasado intento por obtener el poder en 1923, y el Mito del Siglo XX, de Alfred Rosenberg, son los dos textos más significativos de lo que el nazismo representaba para sus líderes. No es, desde luego, una obra científica, si atendemos a criterios rigurosos. Los autores seleccionaron, de un modo más bien arbitrario, los puntos de otras obras que podían convenir a sus tesis dogmáticas. Bien es verdad que Hitler era un lector empedernido, pero no está claro cuáles fueron sus lecturas y su nivel cultural y crítico resulta evidente en sus propias palabras: “...cualquiera que haya cultivado el arte de la lectura en seguida descubrirá... lo que merece la pena retener, ya porque responda a las propias necesidades, ya por su valor en cuanto conocimiento general” [HITLER en: Mein Kampft].

Para el historiador contemporáneo Franz Neumann, el nacionalsocialismo no poseía ninguna teoría o filosofía, es así como lo expresa en el siguiente párrafo:

“El nacionalsocialismo no tiene teoría política ni social; no tiene una filosofía y no le importa la verdad” [NEUMANN, 1943: Pp. 482]

De esta manera en esta discusión que hemos planteado acerca de la ideología o filosofía del nacionalsocialismo este autor se circunscribe por fuera de ambas, como rectifica en el párrafo que sigue:

“En determinada situación aceptará cualquier teoría que sea útil, y la abandonará tan pronto como cambie la situación.” [Ibíd.: Pp. 483]

Considera esencial tomar en cuenta la ambigüedad de las pretensiones nacionalsocialistas, sus contradicciones y la utilización de cualquier medio para llegar a su cometido.

“El nacionalsocialismo es tanto capitalista como anti-capitalista, autoritario como anti-autoritario. Cooperará con cualquier grupo del ejército o la burocracia que se someta a la propaganda nacionalsocialista, pero no dudará en alagar a los movimientos anti-autoritarios cuando así convenga.” [Ibíd.]

Culmina este veredicto realizando la acotación, que muy utilizada en su momento, significó para el nacionalsocialismo la adhesión de una gran masa de escrutinios en las urnas:

“El nacionalsocialismo está a favor y en contra de la reforma agraria, a favor y en contra de la propiedad, a favor y en contra del idealismo.” [Ibíd.]

No repugnaba a Hitler encontrarse en el papel del heroico líder de las masas; sin embargo, el desprecio de Nietzsche por el nacionalismo y su moderada actitud ante los judíos, estaban en discrepancia con las proclamas nazis, por lo que estos aspectos fueron suprimidos.

También el nacionalismo, como ya hemos mencionado, había sido expresado en diversas modalidades en tiempos anteriores a 1914. Durante siglos, había existido en Europa central un virulento antisemitismo, causa de malestar social; incluso la insignia judía y el impuesto personal, exigidos a todos los judíos en las tierras de los Habsburgo antes de las reformas de José II, en el siglo XVIII, eran precursores de los métodos nazis. Para los demagogos, explotar este odio irracional era relativamente fácil, y Hitler, según varios historiadores era un demagogo.

Según Raúl Mestri, el nazismo comenzó a especular con el patriotismo alemán es así que expresa:

“El nacional- socialismo especula con el mito patriótico, pero el mismo reconoce la índole problemática y espacialísima del patriotismo alemán. En virtud de lo que llamaríamos el “monadismo” del genio germánico y de las circunstancias centrípetas de la historia alemana que lo han mantenido, el patriotismo alemán es una pura vivencia espiritual huérfana de un contenido concreto preciso.” [MAESTRI. 1932.: Pp. 140.]

A su vez Hitler era conciente de la importancia de una filosofía o ideología que respaldar sus actos, pero su mayor preocupación era, en el momento de escribir su obra, Mein Kampft, la aceptación de las masas, y la sublevación de las mismas contra el actual Estado bajo su mandato, es así como lo expresa en el prefacio de su obra:

“Bien sé que la viva voz gana más fácilmente las voluntades que la palabra escrita y que asimismo el progreso de todo movimiento trascendental debióse generalmente en el mundo más a grandes oradores que a grandes escritores.

Sin embargo, es indispensable que de una vez para siempre quede expuesta, en su parte esencial, una doctrina, para poder después sostenerla y propagarla uniforme y homogéneamente. Partiendo de esta consideración, el presente libro constituye la piedra fundamental que aporto a la obra común.

EL AUTOR

Escrito en el presidio de Landsberg

Am Lech, el 16 de octubre de 1924” [HITLER, Adolf, 1984: Pp. 3]

La importancia que le daba Hitler a su demagogia lo llevó inclusive a desestimar en muchas ocasiones las opiniones de otros, y también las de sus más allegados asesores. Es así que Rosenberg no era muy tomado en cuenta por Hitler, más allá de ser uno de los precursores en la ideología de Hitler sobre la importancia racial de los alemanes.

El aspecto más característico de la weltanschauung era su insistencia en la raza, y la interpretación histórica de Rosenberg estaba estructurada a partir de categorías de una lucha interracial. Rosenberg no pasó de ser una figura periférica en los momentos culminantes del movimiento; sin embargo, se había afiliado al Partido Nacional Socialista poco después de su fundación y ostentó en un tiempo el status de filósofo semioficial del movimiento. En 1921, llegó a ser el director del periódico portavoz del movimiento, el Voelk Beobachter.

Rosenberg elaboró una versión de la historia que ignoraba toda la evidencia antropológica, biológica e histórica que refutaba sus opiniones. Por el contrario, dio crédito ciego a las obras decimonónicas del Conde de Gobineau y de H. S. Chamberlain, pese a que ninguna de éstas podía pretender una calificación científica o histórica.

Fue así, de esta manera, como se construyeron las ideas instrumentales del nazismo. El propio nombre de nazismo o nacionalsocialismo implica una idea mixta, pues nada tiene que ver con el nacionalismo o el socialismo, tal como éstos son comprendidos de ordinario. Y, si parte de las incumplidas promesas del primitivo programa del Partido, redactado en el año 1920, fueron socialistas, sólo tuvieron valor como medio para ganarse el apoyo de las masas. Los nazis fueron socialistas, únicamente en el sentido de que sus ambiciones presuponían el control político de la economía nacional. El igualitarismo y la supresión de la injusticia social y económica eran fines humanitarios indignos de su atención.

Optamos aquí por observar una cita de un contemporáneo que como ya hemos apuntado fue Raúl Maestri, este dirá con respecto a los rasgos esenciales de la teoría nacional-socialista:

“El movimiento nacional- socialista es el hecho culminante de la vida alemana de la post- guerra. Este hecho es una realidad presente e indubitable. Sus raíces son hondas: en lo material, hay que buscarlas en el desarrollo que ha experimentado el capitalismo en las últimas décadas; en lo espiritual, confinan con la Fundación del Estado Prusiano, el dato polarizador de la historia alemana desde hace dos siglos. Por último, el nacional- socialismo es un hijo de su tiempo y en él actúan con una particular influencia los valores que hoy pueblan la atmósfera mundial.” [MAESTRI. 1932: Pp. 133.]

Los nazis exaltaban el Volk o etnos, un pueblo de orígenes raciales puros que estaba unido místicamente en una primitiva comunidad de sangre y tierra y que no reconocía fronteras artificiales; en gran parte, un concepto emocional en desacuerdo con las realidades políticas de la Europa posterior a 1918.

Debemos a su vez realizar un espacio para referirnos al surgimiento del Nazismo, y como los contemporáneos a este lo veían desde su perspectiva. Raúl Maestri escribió sobre el Nacional – Socialismo en el año 1932:

“El 14 de septiembre de 1930 representa en la historia alemana de la post- guerra la actualización y evidencia del movimiento nacional- socialista, de todo lo que este movimiento significa como avatar auténticamente histórico. Por lo mismo, porque el n- s alemán entraña una fuerza hacedora de historia, sus implicaciones rebasan el área de los intereses domésticos de una nación. Fuera menester tergiversar livianamente los términos verdaderos de la problemática política de este tiempo no ver en el nacional- socialismo alemán mas que un partido de oposición entre otros de un país dado. Y esto, a pesar de lo que actualmente pueda representar el partido n- s y hasta de la trayectoria que tome su destino.” [Ibíd. Pp. 7- 8]

Esta clara distinción y advertencia que realiza Raúl Maestri en su obra, no es más que un anticipo de la importancia que tendrá el Nacional – Socialismo en un futuro cercano. Continúa su apreciación de este fenómeno que se esta forjando en el seno de la cultura alemana haciendo alusión a la valoración que se tenía en Europa de dicho fenómeno:

“En los primeros días del éxito nacional- socialista, tomó fuerza en Alemania y en el extranjero una opinión, según la cual el nacional- socialismo era una “curva de fiebre”, provocada y sostenida por los azares económicos. A estas alturas fuera una terquedad perseverar en este parecer, y tanto entonces como ahora es un simplismo que sirve únicamente para desconocer una realidad incómoda.” [Ibíd.: Pp. 12-13.]

Quizás a nuestro entender la realidad europea excedía de sobremanera la comprensión de los líderes mundiales. Es así que las potencias europeas hicieron la vista gorda del acontecimiento que tenían delante de sus ojos.

Sin embargo, adhiriéndonos a Neuman, el nacional socialismo no comprendía ni una ideología, ni una filosofía, sino que constituyó un cuerpo homogéneo de ideas lanzadas al azar, alrededor de ciertos puntos centrales, como el antisemitismo, y la idea de una raza superior por sobre todas las otras. El nacional socialismo no entró en controversias sobre su ideología o filosofía fundamentalmente porque esto no le era conveniente ya que el malestar del pueblo alemán ante la situación de Alemania tras la Gran Guerra fueron el aliciente suficiente para que Hitler se adueñara del interés de las masas.

Cualquier doctrina que se digne de serlo sustenta sus bases en una ideología o filosofía para cohesionar un grupo, y de esta manera ganar la confianza de las masas, sin embargo el nacional socialismo apeló de manera sistemática a la propaganda para obtener adeptos a su causa.

Sin un cuerpo doctrinal y teórico elaborado y estipulado previamente, no existe ideología o filosofía.


Bibliografía.

-HERF, Jeffrey.: El modernismo reaccionario: tecnología, cultura y política en Weimar y el Tercer Reich. Fondo de Cultura Económica, México, 1990.

-HITLER, Adolf. Mi Lucha. Antalbe, Barcelona, 1984.

-MAESTRI, Raúl.: EL Nacional-socialismo alemán. Barcelona, Ed. Biblioteca Nueva, 1932.

-NEUMANN; Franz. Behemoth: pensamiento y acción en el nacionalsocialismo. Fondo de Cultura Económica, México, 1943.

-PARIS, R.: Los orígenes del fascismo, Barcelona, Península, 1976.

-PRATKANIS, Anthony y ARONSON, Elliot: La era de la propaganda. Uso y abuso de la persuasión. Paidós Comunicación, Barcelona, 1994.

-TENBROCK, Robert-Hermann. Historia de Alemania .Max Hueber, Munich, 1968.




Loading...